Lógica de lo impenetrable I


La estética ha sido una parte de la filosofía; pero a partir de cierto momento la reflexión sobre la sensibilidad, el arte o la belleza (sus objetos privilegiados) se experimenta un desprendimiento parcial de la filosofía. Las ciencias humanas y sociales, e incluso las físico-matemáticas, levantan la mano y participan -con algo más que opiniones- en la discusión. El asunto es interesante, y está implicado en el movimiento general de la Ilustración, que puede concebirse lato sensu como una exigencia de claridad y una manifestación de lucidez. Hay mil signos que apuntan en esa dirección. Si la religión -como institución y artimaña- sufre el embate, el arte va a resultar beneficiado: entre una y otro se reproduce la eterna reyerta entre esclavitud y libertad. Religioso se exhibe el espíritu gregario; estético, el individualista. Hay una suerte de migración de las fidelidades: del autosacrificio a la afirmación no (necesariamente) violenta. En mutación semejante hay razones estrictamente históricas; hay aprendizajes muy específicos. El siglo XVIII -europeo y extraeuropeo- viene escurriendo sangre de conflictos ideológicos no siempre -más bien nunca- racional o diplomáticamente dirimidos. Que el arte, la sensibilidad o la belleza vayan sedimentando en forma tal que ameriten su consideración independiente y su discurso propio no es consecuencia del puro azar. Casi podría decirse que hay arte desde el momento en que ya no todo es religión. Lessing -en 1766- tomará nota: arte es aquello que obedece a lo bello, no a lo simbólico (es decir, a la religión). El arte es sólo aquello que hace el artista desentendiéndose de "convenciones religiosas" (Laocoonte, p. 124). Eso, desde luego, en el siglo XVIII; hoy, y a partir de entonces, ¿de qué no ha tenido que desprenderse el arte para llegar a serlo? De todo, menos de lo sensible en sí. El arte es -como dirán, en el siglo XX, Lévi-Strauss y Deleuze, cada uno por su cuenta- la "lógica de las cualidades sensibles" o la "lógica de la sensación". Existe la estética -como disciplina autónoma- porque existe el arte por sí y para sí mismo. Se diría, con Valeriano Bozal, que todo el arte es rococó: en él, que no es mera evolución del barroco, "las cualidades sensibles (...) no son medios para representar significados distintos de ellas mismas. No aluden a la gloria divina o a la ceremonia religiosa, no cantan la excelsitud de lo trascendente o la magnificencia del monarca. Las cualidades sensibles poseen valor por sí mismas en tanto que producen placer o deleite" (Historia..., I, p. 21). Sólo que ese placer y ese deleite, según el propio Bozal los entiende, no son como el resto. Ocupan un espacio que antes simplemente no existía. ¿A qué se debe? ¿Antes del siglo XVIII no había una lógica de las cualidades sensibles? Absurdo. Lo nuevo, en la historia de la humanidad, es, por el contrario, la lógica de las cualidades (o cantidades) inteligibles. Pese a su carácter material -los Museos, los Salones, las revistas, con la creación expresa (y artificial) de un público-, la aparición de la estética tiene lugar en el seno de cierta perplejidad. Tiene que ver con la democratización de lo social: el arte se institucionaliza, y los efectos serán variados. Pero también es elemento de una necesidad aristocrática: sin Luis XIV no habría arte, y sin arte no existiría Luis XIV... Es lo que ha mostrado un Peter Burke. Abstracción hecha de esto, hay estética porque -desde Winckelmann- se postula una especie de esencia del arte: no designa una simple destreza. En 1764 se inventa al sujeto estético, rostro -al lado del científico, o del histórico- inherente al proyecto moderno. Moderno, por lo demás, en un sentido ultramoderno: la búsqueda de la felicidad desemboca en su contrario -dado que la perfección es perversa. ¿En qué sentido? La modernidad en absoluto es la realización del ideal antiguo, por más que lo tenga de modelo; la modernidad es el ya-no-más de los griegos. Winckelmann establece la crítica del arte (y de la cultura) en y a partir de la nostalgia de los griegos, y su efecto es la melancolía.

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