Lógica de lo impenetrable II
Lo bello moderno no podría ya ser clásico (griego); desde Winckelmann adivinamos que es sublime, y lo sublime es ambiguo: se desliza a lo terrible. Obviamente, lo grotesco ya está presente en el universo helénico; pero en la modernidad rompe sus ataduras, convirtiéndose en lo estético sin más. Lo perfecto es un ideal cada vez más inalcanzable. Con W. Benjamin -con su ángel- la historia avanza de espaldas, huyendo sin quererlo, o cayendo, de un pretérito -de un ideal- impracticable. Melancolía y desesperación son líneas pertenecientes a la faz de lo moderno, contrapeso inevitable a sus anhelos e ilusiones de progreso. El arte se impone a sí mismo infinidad de reglas; no puede limitarse a ejercitar una imitación de lo clásico. Pero sí puede marcar sus distancias, haciendo de lo nuevo su santo y seña. Muy pronto, el discurso correspondiente se irá articulando con el influjo de los empiristas bri...