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Mostrando las entradas de agosto, 2017

Lógica de lo impenetrable II

Lo bello moderno no podría ya ser clásico (griego); desde Winckelmann adivinamos que es sublime, y lo sublime es ambiguo: se desliza a lo terrible. Obviamente, lo grotesco ya está presente en el universo helénico; pero en la modernidad rompe sus ataduras, convirtiéndose en lo estético sin más. Lo perfecto es un ideal cada vez más inalcanzable. Con W. Benjamin -con su ángel- la historia avanza de espaldas, huyendo sin quererlo, o cayendo, de un pretérito -de un ideal- impracticable. Melancolía y desesperación son líneas pertenecientes a la faz de lo moderno, contrapeso inevitable a sus anhelos e ilusiones de progreso. El arte se impone a sí mismo infinidad de reglas; no puede limitarse a ejercitar una imitación de lo clásico. Pero sí puede marcar sus distancias, haciendo de lo nuevo su santo y seña. Muy pronto, el discurso correspondiente se irá articulando con el influjo de los empiristas bri...

Lógica de lo impenetrable I

La estética ha sido una parte de la filosofía; pero a partir de cierto momento la reflexión sobre la sensibilidad, el arte o la belleza (sus objetos privilegiados) se experimenta un desprendimiento parcial de la filosofía. Las ciencias humanas y sociales, e incluso las físico-matemáticas, levantan la mano y participan -con algo más que opiniones- en la discusión. El asunto es interesante, y está implicado en el movimiento general de la Ilustración, que puede concebirse lato sensu como una exigencia de claridad y una manifestación de lucidez. Hay mil signos que apuntan en esa dirección. Si la religión -como institución y artimaña- sufre el embate, el arte va a resultar beneficiado: entre una y otro se reproduce la eterna reyerta entre esclavitud y libertad. Religioso se exhibe el espíritu gregario; estético, el individualista. Hay una suerte de migración de las fidelidades: del autosacrificio a la ...